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¡Sin memoria no hay Victoria!
Por Omar José Hernández Borges *
El Eco de la Mentira: Fanáticos, Ética y el Naufragio de la Verdad en la Venezuela y el Mundo Digital
Como venezolano que observa, analiza y padece el torrente diario de información que inunda nuestras redes y medios, me veo en la necesidad de fijar una posición crítica ante un fenómeno que ha dejado de ser una simple distorsión para convertirse en un ataque sistemático a nuestra psiquis colectiva: la maquinaria de desinformación impulsada por fanáticos y mercenarios de la palabra, que operan con una compulsión que desdibuja la realidad y enferma el debate público.
Este no es un problema nuevo. La sombra del fanático que abraza la mentira como dogma es tan antigua como la política misma. Su estrategia fue sintetizada con cínica perfección por Joseph Goebbels, el arquitecto de la propaganda nazi: "Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad".
Este axioma perverso del siglo XX ha encontrado en el ecosistema digital venezolano y en el planeta del siglo XXI un terreno fértil y multiplicado. Ya no se necesita una cadena de radio estatal; basta con un ejército de perfiles, algunos anónimos (bots), otros con rostro y nombre, que repiten al unísono consignas diseñadas no para informar, sino para intoxicar.
Lo que vivimos supera la mera propaganda política. Es una patología comunicacional que presenta tres rostros entrelazados y perversamente complementarios:
1. El Periodista Mercenario: Aquel que, habiendo jurado un código de ética, lo traiciona por unos pocos dólares. La Ley de Ejercicio del Periodismo en Venezuela establece un juramento claro: apego a la verdad, respeto al honor, rectificación oportuna. Sin embargo, hemos visto a profesionales que cambian su prestigio, ese capital intangible que tarda años en construirse, por convertirse en portavoces pagados de una matriz de odio. Como dice el refrán, "no tienen forma de recoger el agua lanzada en una alfombra". Su credibilidad, una vez derramada, es irrecuperable. Padecen el pecado de la comisión: actúan activamente en contra de su juramento.
2. El "Influencer" Empírico y Fanático: Este es quizás el fenómeno más dañino de la era actual. Son individuos que, sin formación, sin metodología y sin la más mínima brújula ética, se erigen en oráculos de la verdad. No investigan, no estudian, no contrastan. Son meros repetidores compulsivos de contenido, sofistas digitales que operan con medias verdades y razonamientos falaces. Su fanatismo, usualmente político, los conduce a creer y propagar dogmas carentes de todo fundamento, especialmente en temas técnico-científicos complejos donde su ignorancia brilla de manera obscena. Su objetivo no es iluminar, sino desprestigiar; no es debatir, sino inducir al odio contra funcionarios, instituciones o cualquier persona que simplemente cumple con su trabajo. Creen que forzando una "verdad" inexistente a través de la repetición, se la están "comiendo". La realidad es que su falta de lógica y su evidente intencionalidad los delatan, haciendo que el público avispado pase de largo sobre sus publicaciones, dejándolos hablando solos en su burbuja de irrelevancia.
3. El Ciudadano Desesperado y Psicológicamente Afectado: Este es el destino final de toda esta maquinaria: el ánimo colectivo. El bombardeo constante de noticias falsas, catastróficas y difamatorias busca un "momento de locura colectiva". Sin embargo, en Venezuela ha surgido un contrapoder inesperado: la capacidad crítica de un pueblo que ha desarrollado, por necesidad, un sistema inmune informativo. El venezolano común ha aprendido a aplicar, intuitivamente, los tres tamices socráticos: ¿Es verdad lo que lee? ¿Es bueno? ¿Es útil? Contrasta la narrativa digital con la realidad objetiva que vive en su barrio, en su trabajo, en la calle. Se ha cansado del engaño. Y cuando descubre la falsedad, genera una reacción repulsiva contra el desinformador, ya sea periodista o influencer. La fatiga del receptor es el principio del fin para cualquier estrategia de manipulación masiva.
La evidencia más clara de este fracaso es el efecto contrario que ha generado la campaña internacional y doméstica de desprestigio. Al intentar satanizar hasta lo inimaginable a figuras como el Presidente Maduro, acusándolas de toda suerte de males, y al quedar en evidencia (incluso por declaraciones de actores foráneos) que el objetivo real es el petróleo y las riquezas de la nación, el pueblo no solo desconfía de la acusación, sino que pierde toda credibilidad en los portavoces de esa campaña. La canción lo dice: "por eso me alejo de ti".
Colofón Ético: Un Código para el Empírico Digital
Dado que el periodista ya tiene (y debe cumplir) su juramento, y considerando que los empíricos "influencers" ejercen hoy una influencia masiva sin ningún marco ético, propongo aquí un Código Básico de Ética para el Comunicador Social Digital No Profesional. Estas reglas no son legales, sino morales-éticas, y su adopción voluntaria marcaría la diferencia entre un ciudadano que opina y un mercenario que envenena:
1. Principio de Veracidad y Verificación: No difundirás información que no hayas verificado en al menos dos fuentes confiables y contradictorias. Asumirás que todo contenido que coincida perfectamente con tu sesgo ideológico requiere doble verificación.
2. Principio de Humildad Intelectual: No hablarás con autoridad de temas (económicos, científicos, jurídicos, técnicos) que no dominas. Tu opinión como ciudadano es válida, pero presentarla como verdad experta es un fraude.
3. Principio de Intención Transparente: Dejarás claro cuál es tu posición ideológica y si tienes algún interés o relación con los actores sobre los que opinas. La simulación de neutralidad para engañar es deshonesta.
4. Principio de No Daño: Te abstendrás de difamar, injuriar o incitar al odio contra personas. La crítica a la gestión o a las ideas es legítima; el ataque a la dignidad humana, no.
5. Principio de Rectificación Obligatoria: Cuando te equivoques (y todo ser humano se equivoca), rectificarás de forma visible, con la misma prominencia con que difundiste el error. La incapacidad para rectificar es señal de dogmatismo.
6. Principio de Responsabilidad Psicológica: Serás consciente del impacto emocional que tu contenido puede tener en una población ya vulnerable. No usarás el miedo, la desesperanza o la angustia como moneda de cambio para conseguir mediante engaño posicionamiento o seguidores en las Redes Sociales.
7. Principio de No Ser Instrumento: No prestarás tu perfil, tu imagen o tu herramienta digital (tu celular) para ser un mero repetidor o "bot" humano de consignas pagadas o no verificadas. Tu cerebro debe estar siempre entre la información y el botón de "publicar".
En Conclusión:
Esta batalla inevitable por la verdad no se gana con censura, sino con educación crítica, con ciudadanía activa y con el peso abrumador de la realidad. Los fanáticos y mercenarios de la desinformación operan en el mundo frágil de la mentira. Nosotros, el pueblo, vivimos en el mundo sólido de la realidad cotidiana. Cada vez que contrastamos su narrativa con nuestra experiencia y los hechos objetivos, les quitamos un pedazo de su falso poder.
Hemos llegado a un punto en Venezuela donde la mentira compulsiva, lejos de convencer, hiede. Y el público, hastiado, está aprendiendo a cerrar la ventana a ese hedor. El fanático digital, el periodista tarifado y el operador político que los dirige pueden seguir gritando en su cámara de eco. Pero afuera, en las calles, en los hogares, en la conciencia de un pueblo que ha aprendido a pensar con su propia cabeza, su eco se apaga.
"Cosas veredes, Sancho", está frase se pretende atribuir a Don Quijote, pero por su forma de expresarse en tan importante libro de la cultura universal, podemos asumirla como parte de su vocabulario para decir: Y sí, las estamos viendo: el lento, pero inexorable, naufragio de la mentira repetida, frente al muro inexpugnable de una sociedad que, a pesar de todo, se aferra a su derecho a discernir la verdad.
*MSc.
omarhdez78.blogspot.com
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