De Raíces, Caminos y la Verdadera Familia: Respuesta a la Estrechez de Miras
Es curioso cómo algunos confunden "tener raíces" con estar anclados a un solo pedazo de tierra, incapaces de comprender que el árbol más fuerte es aquel cuyas ramas alcanzan el horizonte. Me dicen que nací en Aragua de Barcelona, como si el lugar de nacimiento fuera una celda y no un punto de partida hacia objetivos planteados en la vida. Ciertamente allí están mis primeros pasos, pero mi verdadera identidad se ha forjado con el sudor de mi frente en Carabobo, en Aragua, en Cojedes y en la vibrante Caracas.
Pero, aunque no lo crea, si vivo eternamente en mi Aragua de Barcelona, gracias ahora a las Redes Sociales y los teléfonos inteligentes que permiten hacer videos llamadas, comunicándome diariamente con mis amigas Prof. Rosa María Guayamo y Yoli Guayamo, con Itamar Cabeza, con Clairet Rodríguez, con el Dr. Rafael Ángel Arévalo Matute, con mi gran amiga Lic. Mirian Medina, con mi compañero de béisbol, Periodista Rodolfo Marcano, con mi amigo y vecino el Locutor “Toto” García Guzmán, entre otros, y buenos paisanos que están fuera de mi tierra con quien todos los días me comunicó, como el Poeta Juan Rafael Medina Figueredo, quien reside en Carabobo y pare usted de contar de los amigos que mantenemos una fluida comunicación telefónica y por las Redes Sociales. Recientemente me llamó un compañero de estudios de Bachillerato, el colega Ing. Luis “Chiquito” Cedeño, así lo llamamos todos los que le conocemos,
Cuando estoy en mi pueblo no dejo de conversar con el cronista de la ciudad Juan Gil, personaje que puede en pocos minutos narrarte desde la fundación de la ciudad hasta la actualidad, también es inevitable reunirme con mi vecino y amigo Lic. José Domingo Martínez Flores, aprovecho ir al Hospital “Dr. Rafael Rangel” y mantengo una fluida conversación con el Dr. Juan de Dios Figueredo, y con Manuel Ledezma intercambiamos palabras de sus vivencias como ciudadano y deportista. Es decir, no tengo distingo para reunirme o conversar, tengo un gran afecto por José “Piroco” Martínez, hombre del pueblo y de negocios que es una buena persona y mantenemos una cordialidad a prueba de partidismo o ideología política, porque mi lema es que “yo no tengo enemigos”, quien me llama le contesto.
Ahora bien, quien no sale ni a la esquina suele creer que el mundo termina en su cuadra. Es comprensible, aunque lamentable, que no entiendan la solidaridad de los caminos. A estas alturas de mi vida, tengo claro que la patria y la familia no son un código postal, sino el rastro de afectos y trabajo que dejamos al caminar. Mi familia no se limita a un árbol genealógico expuesto en una vitrina; mi familia es la trashumancia misma de mi vida. Son los compañeros de estudio, los colegas de faena y los amigos que, a lo largo y ancho del país, me llaman no por compromiso, sino porque dejé en sus tierras una huella de bien, no una sombra de agravio.
La Lección de lo Universal y el Respeto Ganado
A quien me cuestiona sobre la "soledad" o la "falta de familia" de aquellos a quienes respeto, le vendría bien un poco de lectura que trascienda los crucigramas y las sopas de letras. Incluso en la sagrada escritura encontramos una lección de altura:
Cuando a Cristo le advirtieron que su madre y sus hermanos estaban afuera buscándole, Él no se limitó a la sangre. Extendió su mano hacia quienes le rodeaban (incluidos aquellos que en ese momento no comprendían su misión) y enseñó que su familia eran todos aquellos que compartían su camino y su verdad.
Sin embargo, debo aclarar algo: aunque respeto profundamente la palabra de Cristo, confieso que aún no he aprendido la lección de "poner la otra mejilla". Creo firmemente en la paz, en el respeto al prójimo y en la convivencia incluso con quien piensa distinto en lo político o en cualquier otro tema. Pero el respeto, ese tesoro social, se gana. Yo converso con quien quiera hablar, y al que decide apartarse, le deseo que le vaya bien; y si soy yo el que me aparto, en ese caso creo en Dios que es mi familia que protege a todos, esa es mi forma de apreciar la vida, sin rencores, pero con memoria de que en el camino de la vida todos andamos y si es preciso meter la mano por el otro en cualquier circunstancia, esto debe ser una norma. Sin embargo, ante la ofensa gratuita y la falta de respeto, respondo en los mismos términos. Es una ley de vida: quien siembra vientos, no puede esperar brisas de cortesía.
Por otro lado, el odio al prójimo envilece el alma, y hacer ver más viejo o vieja a quien vive de rencores y frustraciones, y eso si es difícil de curar, porque el odio se mete en lo profundo del ser que cuando la gente se da cuenta ya es tarde para retornar a la normalidad, lo que desencadena en enfermedades, que van desde la tiroides hasta el cáncer. Y eso no se le desea ni al peor de los enemigos, si es que alguien los tiene gratuitos. Que el cuerpo presente síntomas de vejez, por los años vividos es lo natural, pero que una persona joven se vea vieja, eso sí es fatal, más aún si es mujer.
Entre la Autenticidad y el Sarcasmo
Me sugiere usted, desde el anonimato de su rabia, un silencio sepulcral. Sepa que no pretendo entablar una relación de amistad con alguien a quien no conozco; hacerlo sería el acto más falso e hipócrita que existe, y en mi carácter no habita la mentira. Yo soy de una sola pieza. Trato al que me trata, porque en las posiciones políticas la gente se aparta y es mejor estar distante de alguien que se pueda sentir perjudicado o viceversa.
Es irónico que alguien me pida que me esconda como un morrocoy o que me dedique a las "comiquitas". Ese es el refugio de los que han pasado la vida mirando hacia adentro, consumidos por una amargura que les impide concebir un mundo más allá de las fronteras de mi pueblo. A mi edad, la vergüenza no se pierde por defender ideales; la vergüenza se pierde cuando se llega a la vejez con el alma tan pequeña que se necesita insultar a otros para sentirse vivo.
Pronto estaré de nuevo por mi pueblo, Aragua de Barcelona. Allí pienso asentarme, no para esconderme en un caparazón, sino para compartir con los amigos que conservo y que me reciben con aprecio cada vez que llego. Con los que se han ido no podré, porque así es la ley de la vida, pero con los presentes celebraré la fortuna de haber recorrido el país entero y de tener un lugar donde llegar en cada estado. Hasta en Puerto Ayacucho (Amazonas) he estado, realizando trabajos y visitando al amigo Luis Jiménez y familia, quién no conoce a ese personaje en ese estado, profesor ya jubilado y aun así aportando conocimiento a su gente.
A quien juzga sin conocer, solo puedo decirle que más bonito se ve uno ocupándose de su propia vida que pretendiendo dar lecciones de moral con la mano manchada de intolerancia. Aprenda que el mundo es ancho y que no necesita anteojos para reconocerse, solo tejer buenas amistades y lo demás viene por añadidura, si usted respeta lo más seguro es que lo respeten.
Cosas veredes Sancho.
omarhdez78.blogspot.com
Nota: Siempre es bueno dejar escritas las opiniones que realizamos sobre situaciones que nos ocurren diariamente, más cuando se vive en un mundo en donde se pretende que las medias verdades o mentiras se impongan por coacción contra la verdad, que es una sola, aunque cada quien tiene su verdad y yo la respeto.
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