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¡Sin memoria no hay Victoria!
Por Omar Jose Hernandez Borges
Venezuela: La Verdad Frente al Asedio y el Espejismo del Poder
La historia no se escribe con relatos construidos en laboratorios mediáticos, sino con la realidad fáctica de los pueblos. Lo que hoy vive Venezuela no es el guion que el imperialismo intentó imponer, sino una lección de resistencia que desmiente las narrativas de la oposición transnacional.
I. El Colapso de un Espejismo: María Corina Machado y el Vacío en la Oposición
La realidad es implacable. No es una opinión aislada; es la constatación que incluso figuras como Donald Trump y Marco Rubio han tenido que digerir y no tuvieron empacho para declarar lo evidente: María Corina Machado carece de control territorial, de ascendencia militar y, fundamentalmente, de un liderazgo orgánico. Con esas declaraciones de quienes fueron sus mentores se le ha lanzado al abismo de la irrelevancia política y al basurero de la historia, precisamente por su incapacidad de conectar con la fibra nacional.
La historia nos enseña que, tras la caída de un dictador, el pueblo estalla en un acto de catarsis colectiva, destruyendo cada símbolo del régimen anterior. Lo vimos el 23 de enero de 1958 con la caída de Marcos Pérez Jiménez; lo vimos en la Cuba de 1959 con la huida de Batista; y lo vimos en Irak, donde las estatuas de Sadam Husein fueron derribadas por una multitud enfurecida. Con lo aquí planteado sirve para mostrar esas acciones contra verdaderos dictadores contemporáneos.
Al observar que eso no ocurrió con el "dictador Maduro" causo una alarma en los gringos, quienes inmediatamente comprendieron lo que ya sabian, que María Corina Machado, Leopillo Lopez, Antonio Ledezma, David Smolansky, Carlos Veccio, entre otros los habían engañado.
Sin embargo, en Venezuela ocurre un fenómeno inverso que la narrativa de Machado no puede explicar: tras el secuestro de Nicolás Maduro, no hubo celebraciones. Ni un alma salió a festejar. Por el contrario, el pueblo (mujeres, hombres, jóvenes e incluso niños) ha tomado las calles para protestar contra la invasión y el atropello jurídico. Su narrativa de "libertadora" se estrelló contra un país que no la reconoce, y hoy, líderes mundiales que antes la aplaudían, comienzan a rectificar, reconociendo en Nicolás Maduro Moros la autoridad legítima y el factor de estabilidad.
II. La Guardia Pretoriana de la Diplomacia: Delcy y Jorge Rodríguez y la Dirección Colectiva del PSUV y el Polo Patriotico
Conocedores profundos de la dialéctica revolucionaria y herederos del coraje de su padre, Delcy y Jorge Rodríguez se alzan hoy como los arquitectos de la defensa soberana. La lección ha sido aprendida: el horizonte no es de rendición, sino de una contraofensiva diplomática y legal para lograr la libertad del Presidente.
Diosdado Cabello, el articulador de las bases, del poder popular y del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha girado la instrucción de que la Revolución Bolivariana se defiende con el pueblo en la calle, porque esta revolución la esta construyendo el pueblo unido .
Bajo la dirección colectiva, la estrategia es clara. Mientras el imperio intenta montar un espectáculo judicial en Nueva York, los hermanos Rodríguez, Diosdado, Padrino Lopez y el resto de la dirección del PSUV y el Polo Patriotico encabezan una cruzada por la verdad. Han demostrado que la institucionalidad venezolana funciona y que la lealtad no es una mercancía. Su gestión es la garantía de que la Revolución Bolivariana no solo sobrevive, sino que se intensifica en su fase más crítica, enfrentando al "monstruo" desde sus propias entrañas legales.
III. La Verdad Procesal: El Secuestro ante la Justicia Imperial
La comparecencia de Nicolás Maduro ante un juzgado en Nueva York es, paradójicamente, su primera victoria política en suelo estadounidense. Al declararse inocente, desnuda la fragilidad de una fiscalía que carece de pruebas fehacientes. En el Derecho Internacional, las narrativas no dictan sentencias; las pruebas sí, y aquí brilla la ausencia de estas.
Se han violentado flagrantemente:
1. La Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.
2. El Estatuto de Roma.
3. Convención de Ginebra.
4. Los principios fundamentales de la ONU.
Resulta cínico que Trump pretenda juzgar a un Jefe de Estado por la tenencia de armamento en su propio territorio (una facultad soberana de cualquier Presidente General en Jefe de las FANB) mientras se otorgan libertades a figuras cuyas culpas en el narcotráfico sí fueron probadas, como el caso de Juan Orlando Hernández.
Si sometiéramos a los protagonistas a la prueba de la verdad (polígrafos, exámenes antinarcóticos o incluso listas de asistencia a la infame isla de Jeffrey Epstein), Nicolás Maduro vencería moralmente a Donald Trump y a toda la caterva de acusadores que basan su poder en la difamación y no en la ética.
IV. El 11 de Abril de la Modernidad: Táctica y Resistencia
Maduro, como heredero del legado de Hugo Chávez, ha aplicado una entrega táctica similar a la del 11 de abril de 2002. En aquel entonces, Chávez se entregó para desenmascarar a la oligarquía y al generalato sin tropas, logrando que el pueblo y los militares leales lo rescataran de la Orchila.
Hoy, la lucha se ha internacionalizado. El fraude que Machado pretendió imponer con actas supuestamente resguardadas en un bsnco de Panamá se desmorona por su propio peso. Su "incontinencia verbal" fue su condena: al declarar que la mayoría de los venezolanos, mas del 60%, estaban ligados a actividades ilícitas, confesó voluntariamente que esa mayoría es la que respalda a Maduro. El pueblo ya no consume su "información tóxica"; ha aplicado el tamiz de Sócrates para filtrar la verdad de la mentira.
V. De las Sombras de 2002 al Asedio Global de 2026: La Resistencia Jurídica de Venezuela ante el "Lawfare" Internacional
La historia contemporánea de Venezuela no puede entenderse sin el hilo conductor que une el golpe de Estado de abril de 2002 con la compleja arquitectura de presión internacional que enfrenta el país en 2026. En aquel entonces, el ataque fue frontal y cinético: una ruptura violenta del hilo constitucional que buscaba el desplazamiento físico del poder. Hoy, nos encontramos ante una evolución de esa misma estrategia, una "entrega táctica" donde el campo de batalla se ha desplazado de las calles de Caracas a los tribunales internacionales y los despachos financieros, configurando una lucha que evoca la metáfora de David contra Goliat, donde el Estado venezolano enfrenta al monstruo de la hegemonía desde sus propias entrañas legales.
VI. El Salto de la Fuerza a la Persecución Jurídica
A diferencia de la asonada militar de 2002, la agresión actual se caracteriza por la ausencia de pruebas fehacientes que sustenten las acusaciones de la comunidad internacional contra el gobierno de Nicolás Maduro. Si en el pasado se usó el engaño mediático del "vacío de poder", hoy se emplea el "lawfare" o guerra jurídica. Este mecanismo busca deslegitimar al mandatario no mediante un decreto de facto, sino a través de la asfixia económica y la captura de activos soberanos, lo que constituye una violación flagrante a los principios de autodeterminación.
Desde una perspectiva técnica, esta situación ha puesto a prueba la vigencia del Derecho Internacional. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (1961) ha sido herida de muerte en su artículo 29, que consagra la inviolabilidad de los agentes diplomáticos. El desconocimiento de estas credenciales para ejecutar capturas extraterritoriales no es solo un ataque a Venezuela, sino una amenaza a la seguridad jurídica de todas las naciones, al romper las reglas del juego que permiten la comunicación entre Estados.
VII. El Derecho Internacional como Escudo
En este escenario, el Estado venezolano ha acudido al Estatuto de Roma y a la Corte Penal Internacional, no solo para defenderse, sino para denunciar que las medidas coercitivas unilaterales son, en esencia, crímenes de lesa humanidad. Según el artículo 7 del Estatuto, la privación sistemática de acceso a bienes esenciales para la vida constituye una persecución política y un exterminio indirecto. Esta tesis se refuerza con la Convención de Ginebra, que prohíbe el castigo colectivo de poblaciones civiles, una práctica que el imperialismo moderno ha normalizado bajo el eufemismo de "sanciones".
Asimismo, la Carta de las Naciones Unidas, en sus artículos 2.4 y 2.7, es el pilar que prohíbe la intervención en asuntos internos. La creación de figuras de gobierno paralelas y el secuestro de autoridades son intentos de reescribir la voluntad popular desde el exterior, ignorando que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo.
VIII. El Choque de Constituciones y la Ilegalidad del Secuestro
Uno de los puntos más críticos es la pretensión de aplicar leyes nacionales de potencias extranjeras por encima de la soberanía venezolana. En el ordenamiento de los Estados Unidos, se ha invocado históricamente la polémica Doctrina Ker-Frisbie, la cual permite juzgar a personas traídas ilegalmente a su jurisdicción (secuestro). Sin embargo, esta práctica colisiona con su propia Quinta Enmienda, que exige el debido proceso, y con la Cláusula de Supremacía (Artículo VI), que establece que los tratados internacionales son la ley suprema de la nación. Al violar tratados de extradición y convenciones diplomáticas, el Ejecutivo extranjero no solo agrede a Venezuela, sino que traiciona su propio mandato constitucional.
Frente a esto, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) se erige como una muralla infranqueable. Su Artículo 1 declara la libertad y la independencia como derechos irrenunciables, mientras que el Artículo 13 prohíbe cualquier forma de jurisdicción extranjera sobre el territorio o sus autoridades. Bajo el marco de la CRBV, cualquier intento de captura o secuestro de un Presidente en funciones es un acto nulo que no genera "falta absoluta", sino que activa la resistencia del Estado para preservar la integridad de la República.
En conclusión, la lucha de 2026 es la continuación del espíritu de 2002 por otros medios. Venezuela se defiende hoy con la ley en la mano, demostrando que incluso en un orden global asimétrico, la verdad jurídica es el único camino para derrotar a los Goliat de la era moderna.
Cosas veredes, Sancho. La Revolución Bolivariana hoy no solo está en buenas manos, sino que está en la calle, cuidando su salud mental de las falacias de las redes sociales y esperando el retorno del líder que, desde el centro del imperio, está demostrando la estatura de un pueblo que no se rinde.
* MSc.
omarhdez78.blogspot.com