El Opus Dei venezolano y
sus representantes, no respetan a los feligreses actuando como políticos en sus
homilías.
A
este señor Urosa creo que por error lo nombraron Cardenal, que los hubieron y
los hay en latinoamérica con responsabilidad y compromiso con el pueblo, pero éste
se comporta como el propio Satanás, tanto así que es racista y elitista, porque
en los párrafos que escribe sobre quienes deben tener la responsabilidad en el
país, expone sus pareceres y deja entre ver que a todos los que están con la
Revolución Bolivariana los cataloga como comunistas.
Para
muestra un botón, abajo está un escrito que elaboró y por error se lo envió a
otros correos electrónicos, sabrá usted a quienes más llegaría, empero un
Patriota Cooperante lo recogió y lo hizo público para desenmascarar a quienes
amparados por sentimientos innobles que esconden bajo sotanas, para seguir
engañando a los que se quieren dejar engañar por hombres con sentimientos,
valores y defectos como cualquier ser humano, porque son humanos ¿Sí o no?
Digo
a este nuevo inquisidor, que soy comunista, quizás desde mis años de formación política
en la Universidad; y considero que ese
sistema persigue el bienestar de la mayoría del pueblo, y un ejemplo de ello, aunque
estamos muy lejos todavía de llegar al comunismo en Venezuela, lo que ha logrado
la Revolución Bolivariana para las grandes mayorías que siempre fueron
preteridas por los oligarcas y la burguesía, es muestra que en vías al
Socialismo del Siglo XXI se puede lograr
el bienestar social para felicidad del pueblo. Pero su consigna para dar un
golpe de estado es no dejar que el Presidente Constitucional Nicolás Maduro,
siga trabajando con ahínco para superar la crisis económica, producto de las políticas
neoliberales, capitalistas, que pretende seguir hegemonizando el imperialismo
para postrar a los pueblos.
Bautizado
en la fe cristiana, creo en Dios todo poderos y en Jesús, que vino al mundo a
ayudar a la feligresía y dar a conocer la palabra de su padre celestial. Pero
no me jodan, queriendo hacerse pasar como hermanitos de la caridad y se
inmiscuyen en la política, como diría el Chavo, “sin querer queriendo”. Voy a
la iglesia cuando tengo oportunidad, no soy devoto, ni me doy golpes de pechos,
pero sí, de vez en cuando me acerco a orar a una iglesia, o alguna ceremonia
que haga ineludible mi presencia, pero
sin dejarme influenciar por la posición política del cura o párroco, porque es
una persona igual a cualquiera de nosotros, y su condición no nos debe ninguna
obediencia ciega para salir a matarnos hermanos contra hermanos, tal como
inducen con sus palabras de agresión al gobierno revolucionario, cada vez que
tienen oportunidad en sus homilías.
Ya
no les hacemos caso a sus provocaciones políticas, lo que hacemos es oírlos por
respeto a los demás, sin embargo a veces provoca ponerse a debatir con ellos
para demostrarles que no tienen razón. Pero si siguen agrediendo al gobierno
que el pueblo se dio, aprovechando el derecho de palabra que tienen al conducir
la misa, con esa ventaja en contra, el pueblo va a tener que responderle en los
mismos términos cuando se vean incómodos por esa situación.
Los
párrocos que siempre están con su pueblo, nunca le hablan de política, no
tienen que hacerlo, porque ellos permanentemente están pendientes de las
necesidades de quienes acuden por sus favores para que los guíen en cualquier
problema que se les presente, por eso los opositores del gobierno del
presidente Maduro los llaman “curas revolucionario”, pero ese fue el ejemplo
que Jesucristo les dio a los verdaderos hijos de Dios, que siguieron la senda
del sacerdocio para hacer el bien y orientar a aquellos que siempre necesitan
de la ayuda espiritual para superar momentos de soledad, de sufrimientos, de
enfermedad, entre tantas cosas que pueden aportar para el bienestar de sus
fieles.
Si
revisamos la historia de nuestro continente, los amigos de la Iglesia elitista,
fieles representantes del Opus Dei, siempre han sido defensores a ultranza de
las dictaduras que hubieron en el pasado, y un ejemplo claro fue su respaldo al
dictador chileno Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, cuando le
dieron un golpe de estado al presidente mártir Salvador Allende. Ayer, los de
ideología socialcristiana teniendo ese comportamiento en Chile, la iglesia que
se llama cristiana (que Cristo los perdone); hoy, aúpan a los socialcristianos criollos que
actúan con terrorismo en la actualidad contra el gobierno del Presidente
Constitucional Nicolás Maduro.
Omar
J. Hernández B.
omarhdez78@gmail.com
Nota.
El resaltado lo hice para que no se escape el pensamiento clasista de quien
dice representar a la Iglesia cristiana.
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El Correo
escapado de Jorge Urosa Sabino, Arzobispo de Caracas
El Estado
tiene que garantizar la educación pero no es su función dirigirla y
controlarla. Esta función debe llevarla una institución civil como la Iglesia
Católica que cuenta con el apoyo y la credibilidad de todos los habitantes del
país.
La Iglesia
Católica no asume esta función por capricho o por un afán de lucro. La
educación no genera ganancias, y eso está bien, pues no queremos hacer de un
servicio social una fuente de riqueza material. No es entonces, como insisten
los enemigos de Cristo, que aspiremos a acumular riquezas, sino que, al haber
asumido el compromiso cristiano, estamos obligados, por mandato, a llevar el
mensaje de Jesús redentor al corazón de los venezolanos, de todos los
venezolanos.
No queremos dedicarnos a la educación de los más
privilegiados, dejando a los menos afortunados en las manos de un Estado ateo y
comunista.
Creo que
la Iglesia debe asumir la educación de ambos grupos, como única forma de
garantizar la paz social y el desarrollo del país. Educar y formar en el amor a
Dios a todos los venezolanos, es nuestra misión, pero pretender hacerlo de la forma desordenada que
predican algunos hermanos, bien intencionados, pero carentes de visión, sería
contraproducente.
La
educación debe ser igual pero separada (una frase poco popular, pero muy
cierta). Los hijos de
familias pudientes, llamados a ir a las universidades y, más tarde, tomar las
riendas de empresas, negocios, ejercer las profesiones libres y ocupar los
cargos más altos de la administración pública, deben ser educados para alcanzar
estos fines y asumir su responsabilidad social de la forma más responsable y
cristiana. Los niños que, por su origen
socioeconómico, tienen desventajas, deben ser educados en el respeto hacia la
autoridad, en la diligencia, en la modestia y, sobre todo en el mensaje
cristiano del amor.
La
Iglesia Católica debe oponerse a todo intento de homogeneizar la educación
básica, porque esto sólo nos llevará al caos y a las guerras entre hermanos.
Los niños de los estratos más pobres querrán acceder a las mismas posiciones
que sus compañeros más afortunados, creándose la inconformidad y alimentándose
la envidia. Los de los estratos superiores perderán motivación para estudiar y
alcanzar el éxito. Con una educación talla única, lo que crearemos es una
nación de envidiosos y conformistas.
Con la
bendición de Dios Todopoderoso, debemos estar dispuestos a servir a Jesús
Redentor, a la Iglesia y a Venezuela.
Jorge
Urosa Sabino, Arzobispo de Caracas
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El Segundo
Correo: la suplica de complicidad
Hermanos,
Por un error administrativo, creo que a su buzón llegó un mensaje de mi autoría del cual copio abajo las primeras líneas.
Si este mensaje llegase a manos mal intencionadas podría ser manipulado en contra de la Iglesia, por lo que le ruego que no distribuya.
Confiando en su discreción y comprensión, reciban la bendición de nuestro Señor Jesucristo.
Jorge Urosa Sabino, Arzobispo de Caracas
Por un error administrativo, creo que a su buzón llegó un mensaje de mi autoría del cual copio abajo las primeras líneas.
Si este mensaje llegase a manos mal intencionadas podría ser manipulado en contra de la Iglesia, por lo que le ruego que no distribuya.
Confiando en su discreción y comprensión, reciban la bendición de nuestro Señor Jesucristo.
Jorge Urosa Sabino, Arzobispo de Caracas
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